Mi camino

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Muchos de nosotros, siendo niños nos hacíamos preguntas para las que comúnmente no encontramos explicación racional, y a las que los adultos que nos rodeaban tampoco supieron darnos respuestas.

¿Desde cuándo hay personas en la Tierra? ¿Hay personas en otros planetas? ¿Hasta cuándo estaremos en este plano? ¿De dónde venimos? ¿Hacia dónde vamos? ¿De dónde somos realmente? ¿Qué somos? ¿Dónde están nuestros límites?, y muchas otras preguntas en este multiverso donde el tiempo y el espacio “quizás” no existen.

Con el paso del tiempo te acostumbras a la falta de respuestas, y en la mayoría de casos, nos olvidamos, aprendiendo a convivir en esta sociedad que vive en la total ignorancia al respecto de muchas cuestiones. Las señales y guías que aparecen por doquier, las ignoramos, y caemos en una vida monótona y programada. Las preguntas existenciales desaparecen de nuestra mente durante décadas, y tan solo las famosas crisis de los cuarenta o de los cincuenta abren en nosotros una grieta, que hace revivir cierta inquietud por ir más allá de la rutina en la que hemos caído.

Como navío que surca el océano en busca de faro, discurre la vida de la mayoría de personas, acostumbradas a subsistir emocional y mentalmente día a día, aceptando lo que otros dicen como verdades, y llenando sus alforjas de creencias ajenas.

Aún sin saberlo, en nosotros existe la necesidad de un despertar y de una nueva visión de la vida, donde la sucesión de eventos y condiciones dadas son simplemente pruebas de aprendizaje de un antes y un después, y donde cada acto vivido es un escalón más para evolucionar y trascender.

Pero la necesidad es más amplia, abarcando la descarga de las alforjas, y corrigiendo las cicatrices tatuadas en nuestra alma. Una necesidad que trasciende la experiencia propia de esta vida, y nos posiciona en un punto de salida óptimo para las siguientes.

El despertar de la consciencia te lleva a descubrirte como creador de tu propia realidad, y a ser consciente de que las casualidades no existen. Todo tiene un orden establecido. Un orden infinito y universal, donde los sincrodestinos nos llevan a bailar el ritmo de la vida.

Evolucionar en esta vida hacia una mejor versión de uno mismo, conectando con niveles vibracionales cada vez más elevados, nos conduce a disfrutar de este parque de atracciones continuo en el que vivimos, y a sentirnos realizados y plenos a nivel espiritual, mental, emocional y físico.

Asimismo, nuestra evolución impacta en nuestro entorno más próximo, siendo nuestra familia y nuestros seres queridos quienes más se benefician de ello, lo que sin duda debería suponer un elemento de motivación adicional.

Por supuesto, mantenerte surcando el océano, lejos de la costa y de los faros, con las sacudidas continuas del oleaje y las tormentas, y sin tener claro el rumbo ni el destino, es otra alternativa. Desgraciadamente, la alternativa escogida por la mayoría. Pero no la mía.

 

Ricardo Eiriz

 

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