El amor debemos cultivarlo

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Hay muchos tipos distintos de amor, pero la mayoría de personas asocian automáticamente el amor con el amor de pareja. Y como es así, pues hablemos de ese tipo de amor.

En cualquier relación intervienen dos factores: el amor y la forma de plasmar ese amor.

Hay personas que aparecen en tu vida y las amas con mayor o menor intensidad, mientras que otras, cuando aparecen en tu vida eres incapaz de no amarlas por todo lo que represen-tan para ti.

El amor en el primer grupo podría ser fugaz, y en ocasiones está lleno de condiciones o inclu-so de intereses de todo tipo.

En el segundo grupo, el amor es cien por ciento incondicional, incluso podría decir que irra-cional. Cuando amamos de ese modo, lo hacemos por lo que la otra persona representa en nuestra vida, por lo que nos ha aportado ya, sin expectativas ni condiciones respecto a lo que vendrá en el futuro.

Este segundo tipo de amor te lleva a decir cosas como “Te amo por la persona que soy gra-cias a ti, y a todo lo que me has aportado” , “Ojalá sea mucho más y dure mucho más tiem-po, pero si se quedara sólo en esto, te amaría igualmente para siempre”.

Las pruebas y las experiencias que encontramos en nuestro camino nos ayudan a diferenciar claramente si nuestro amor es del primer o del segundo tipo. Cuando ante una experiencia dolorosa dejamos de amar o de desear lo mejor para el otro, se trata de un amor del primer tipo.

El amor incondicional es indestructible y no desaparece nunca. Estés o no al lado de esa per-sona, siempre deseas lo mejor para ella, incluso pudiendo llegar a renunciar a su compañía para que ella sea feliz.
Estar conectado con el amor incondicional es una sensación de plenitud absoluta, que tras-ciende la razón y la emoción, eliminando todo juicio. Como me decía una amiga, “es un amor de libro”, pero afortunadamente no es una utopía, sino que existe de verdad.

La forma en la que se plasma ese amor es el segundo factor que interviene en una relación, y la más habitual es la relación de pareja.

Este tipo de relación pasa por una decisión consciente, que requiere el deseo y la aceptación de ambos. Y también requiere ser abonada y cultivada con esmero.

El amor incondicional no es susceptible de acabar, ya que, como su nombre indica, es incondi-cional, y también es irracional. No sucede lo mismo con la relación de pareja que, con inde-pendencia del amor que haya detrás, sí podría tener un final. La relación de pareja está sujeta al deseo y la aceptación, o lo que es lo mismo, pasa por el filtro de la razón, y en este ámbito, las experiencias que vivimos aportan argumentos de todo tipo.

Cuando el amor que sostiene una relación de pareja es del primer tipo, acostumbra a ser muy fácil con el paso del tiempo, encontrar razones para romper la relación.

En cambio, si lo que sustenta la relación es un amor incondicional, las situaciones que podrían llevar a dar por finalizada esa relación son escasas, y personalmente tan solo se me ocurren cuatro:

Por un lado, estaría el hecho de que las necesidades o circunstancias de alguno de los dos, llevase al otro a sentirse tan incómodo que, para evitar sufrir, prefiriera dejar de ser pareja, y consecuentemente dejar de lado determinadas expectativas. Es evidente que, haber defini-do conjuntamente las expectativas de lo que debe ser la relación de pareja, y las bases sobre las que se debe sustentar ésta, minimiza el riesgo a que este motivo aparezca en escena.

El segundo factor reside en los proyectos de vida que cada uno tiene. Si los proyectos o la misión de vida de cada uno transcurren por caminos muy diferentes, ese amor incondicional, que pasa por la aceptación y el apoyo mutuo, en ocasiones lleva a elegir caminos indepen-dientes.

Una relación creada en base al amor incondicional debe estructurarse sobre la confianza total y absoluta. El amor debe guiar la relación en todo momento, sin secretos ni vergüenzas. De ese modo, el conocimiento, entendimiento, valoración y respeto por el otro se da en todos los planos y dimensiones. Si la confianza se tambalea, la relación también puede hacerlo, y este es el segundo factor que podría poner fin a este tipo de relación.

El cuarto y último factor que puede llevar a dar por finalizada la relación, a pesar del amor incondicional, es permitir que la pasión, la ilusión y el disfrute desaparezcan. Todos necesita-mos vibrar con intensidad y mantener la chispa que nos permita sentirnos vivos.

Si tienes la fortuna de haber encontrado en tu vida a esa persona tan especial que, además de conectarte con el amor incondicional, se ha convertido en tu pareja, permíteme darte algunas ideas:

  • No dejes nunca de regalarle tu amor y tu tiempo. Ambas cosas son lo más preciado que tenemos y que podemos entregar. Y ninguna de ellas se compra con dinero.
  • Actúa inteligentemente para lograr que la relación también sea imperecedera. No permitas que se marchite, y que desaparezca la ilusión y el interés por sorprenderte y sorprender.
  • No seas tacaño entregando amor, ni lo limites, ni calcules cuánto amor entregas, y mucho menos busques “justicia”. El amor no entiende de justicia. Entrega todo tu amor, sin miedo ni reparos, ya que el amor no se agota nunca.
  • Vive cada momento como si fuera el último. Piensa que cada segundo que no se vive con pasión, es un segundo perdido, que pasa sin pena ni gloria por nuestras vidas.
  • Piensa habitualmente en lo que te gusta de esa persona, en lo que más valoras de ella, y en lo que te hace sentir… y díselo. Establecer la comunicación a ese nivel hace trascender la relación.

Y por supuesto, dile TE AMO continuamente, no desde la razón, sino desde tu corazón.

 

Ricardo Eiriz
Creador del Método INTEGRA®
Embajador de la Paz y la Buena Voluntad de San Cristóbal de las Casas (Chiapas, México) ante la UNESCO.

 

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