Al llegar a esta vida nadie nos garantiza que será fácil, ni que todos los momentos que viviremos serán placenteros.

Al contrario, cuando venimos ya sabemos que habrá momentos en los que tendremos que enfrentarnos a situaciones enormemente retadoras.

El terreno de juego, así como el juego en sí mismo no son algo que nosotros podamos elegir o cambiar, son tal como son, nos guste o no.

Quizás, la ironía más grande es que el suceso que acostumbra a ser más doloroso para la mayoría, la muerte, es lo único que todos tenemos garantizado cuando venimos.

A pesar de ello, en nuestra civilización occidental no se nos prepara para afrontar la muerte, generándose un gran dolor cada vez que un ser amado abandona su cuerpo.

En condiciones normales somos testigos de la muerte de nuestros abuelos, padres, tíos, etc., y en el peor de los casos, incluso de algún hijo.

Esto comporta haber de superar distintos momentos de dolor intenso, lo que sin recursos internos se convierte para muchas personas en una auténtica quimera.

Esos impactos emocionales no gestionados se acaban convirtiendo en traumas y bloqueos emocionales que se alargan innecesariamente en el tiempo, condicionando enormemente la vida de quien los arrastra.

Recientemente la vida me ha ofrecido uno de esos momentos retadores, la muerte de mi madre.

He de reconocer que han sido días duros, muy duros, en los que no había consuelo posible, y el dolor interno brotaba por doquier.

Afortunadamente, sabía cómo funciona la mente subconsciente, cómo y de qué manera se activan nuestras emociones, cómo identificar y liberar memorias como traumas, bloqueos emocionales, emociones reprimidas, y todo el resto de memorias que nuestro subconsciente utiliza para activar nuestras respuestas.

Después de 5 días en ese estado de dolor, decidí no dejarme llevar más y tomar las riendas. Elegí identificar el motivo por el que estaba conectado con ese estado de permanente sufrimiento, y salir de nuevo a flote.

El inesperado fallecimiento de mi madre fue el suceso que activó en mí la respuesta, pero era mi trauma emocional, que yo mismo había generado a raíz de ese suceso, lo que me mantenía secuestrado a nivel emocional.

Fue liberarme del trauma, y ese mismo día recuperé mi libertad mental y emocional.

Otros familiares cercanos, que estaban pasando por el duelo del mismo modo que yo, tenían cada uno sus propias memorias. En algún caso un trauma como yo, en otros casos un bloqueo emocional, en otros casos una combinación de trauma, bloqueo e incluso alguna emoción reprimida.

La cuestión es que en todos los casos, tras liberar las memorias que cada uno tenía, el dolor intenso y permanente cesó de inmediato. Y eso menos de una semana después de perder a ese ser tan precioso y preciado de nuestras vidas.

Es frecuente que se nos venda el duelo como un proceso que tenemos que vivir cuando perdemos a un ser querido, y que además se puede alargar durante semanas, meses o incluso años.

Y es cierto que eso es así cuando no se tienen los recursos para finalizarlo de un modo que no sea el propio proceso espontáneo, por el que la mayoría de personas, e incluso de especialistas, transitan.

Pero afortunadamente la situación es totalmente distinta cuando identificamos las memorias que nos mantienen en ese duelo y las liberamos, ya que en ese momento nos deshacemos de ese dolor permanente e inútil.

En efecto, el duelo es un dolor inútil, al igual que muchos otros procesos de sufrimiento por los que pasamos en la vida, y que únicamente se producen e incluso alargan en el tiempo por determinadas memorias que tenemos.

Desprendernos de ese dolor no nos hace malas personas, ni peores hijos, padres o hermanos. Nuestro amor por la persona que hemos perdido sigue intacto, al igual que nuestros recuerdos y gratitud hacia ella.

Cuándo liberarse cada uno del duelo es una elección personal. Lo único que debes saber es cómo hacerlo, y afortunadamente en la mayoría de casos es fácil y rápido.

 

Ricardo Eiriz
Creador de Método INTEGRA®
Embajador de la Paz y la Buena Voluntad de San Cristóbal de las Casas (Chiapas, México) ante la UNESCO